Detrás del éxodo hondureño

La interpretación más difundida sobre la caravana de migrantes hondureños busca culpables fuera de ella. Para mucha gente, es imposible que tantos se hayan juntado para salir a la vez con rumbo a Estados Unidos.

Les parece increíble que miles caminen por las carreteras y atraviesen ciudades sin alguien que los dirija y financie. Por eso se habla de manipulación, de engaño, de instrumentalización de los migrantes. Lo primero que hay que decir es que esta lectura supone un desprecio a la población más pobre: no se les considera capaz de tomar sus propias decisiones. Es este un prejuicio muy arraigado en políticos, funcionarios y élites. Cuando la opinión o actuación de la gente no los favorece, lo atribuyen a una manipulación o engaño de terceros. En segundo lugar, este tipo de interpretaciones sirven para eximirse de responsabilidades y descargarlas en otros.

El primero que atribuyó a la izquierda hondureña la organización de la caravana y a Venezuela su financiamiento fue el mismo presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández. Una mentira que ha repetido el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, incluyendo la teoría de que la caravana tiene por objetivo desafiar la soberanía y la frontera de dicho país. Los Gobiernos de Honduras y de Estados Unidos no solo coinciden en esta falsedad, también en tener responsabilidad en las verdaderas causas del éxodo. Por su lado, otros actores buscan culpables dentro de sectores políticos estadounidenses o en organizaciones internacionales.

“¿Por qué participa usted en esta locura que no tiene ninguna posibilidad de tener éxito?”, le cuestionó un periodista de una cadena internacional de noticias a una mujer que, con un niño en brazos, forma parte de la caravana. Después de unos segundos de meditación, ella respondió: “Locura sería quedarme allá, donde asesinaron a parte de mi familia y no tengo esperanza de conseguir trabajo para comer”. Así, la migrante pone sobre la mesa la realidad: Honduras vive una crisis humanitaria producto de la corrupción, la violencia criminal, la pobreza y la galopante desigualdad. Esto es lo que está detrás de la salida masiva de hondureños. En este sentido, la caravana no se organizó en 10 días, como se ha querido plantear. La postración de la mayoría de la población hondureña es producto de un modelo de inseguridad y violencia impuesto a la fuerza. El golpe de Estado de 2009 y el fraude electoral de 2017 son los detonantes de esta crisis, profundizada por un Gobierno legitimado por la administración estadounidense. Estados Unidos cosecha tempestades de los vientos que ha sembrado en estas latitudes.

Para entender cómo la caravana se fue formando como una avalancha a partir de una simple convocatoria en una red social, es necesario ponerse en los pies de la población de las zonas empobrecidas sitiadas por la violencia; hondureños que no pueden salir ni entrar a su casa después de una determinada hora, que no se atreven a caminar por una calle porque eso podría significar la muerte. Hay que ponerse en el lugar de los que viven gracias a pagar extorsión, de los que buscan trabajo sin encontrarlo, de los que no pueden ni sobrevivir con el salario que ganan mes a mes. Es muy difícil manipular a tanta gente. Lo que los hace aventurarse se resume en la declaración de otros migrante: “Prefiero morir en este camino que volver a ese infierno”.

Lo extraordinario de esta caravana no son los números, pues se estima que cada día cientos de hondureños salen de su país huyendo de la pobreza y de la violencia. Lo novedoso en esta ocasión es que se hace colectivamente y de manera visible. Y genera abundante esperanza que ese avanzar terco y sin fecha cierta de finalización esté recibiendo, pese a críticas y desprecios, la ayuda y solidaridad espontáneas de miles de guatemaltecos y mexicanos, no de sus Gobiernos.

Las miradas y palabras de los miles que van de camino hacen comprensible una decisión que resulta ilógica para quienes todo lo tienen. Una decisión que no tardará en ser imitada por víctimas de la violencia y la pobreza en Guatemala y El Salvador. La caravana hondureña comenzó con una convocatoria que nunca pensó hacerse masiva. Quienes la convirtieron en tal fueron los medios de comunicación que la difundieron pretendiendo alertar y que ahora critican a los que la atendieron. No hay misterio: lo que está detrás de la decisión de huir es la práctica imposibilidad de seguir viviendo en suelo natal. Si se pierde la esperanza de que la patria cambie, entonces la gente decide cambiar de país.

Por Editorial UCA.

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